Los 12 mandamientos de un jefe innovador

MandamientosPoco hay que añadir al artículo de Manuel Ramon en Pensamiento Imaginactivo. Lo encuentro muy interesante; los jefes tendrían que tenerlos a mano para ir recordándolos, o usarlos como check-list periódica. Copio los doce mandamientos:

  1. Un ‘buen jefe’ nunca piensa que conoce totalmente lo que sienten o piensan los integrantes de su equipo. Busca feedback, recaba información e investiga al respecto. Intenta averiguar las sensaciones y el nivel de satisfacción de quienes trabajan con él.
  2. El éxito del jefe y de su equipo depende en gran parte de ser capaz de actuar como maestro y guía de lo obvio y de lo mundano. No se motiva a las personas ni se consigue buena comunicación con formulaciones complejas o con ‘ideas magistrales’.
  3. Hay que centrarse prioritariamente en los pequeños triunfos de cada día, y no en las grandes metas a medio y largo plazo.
  4. El jefe debe buscar el equilibrio necesario, la síntesis armoniosa entre actuar con asertividad, con dudas constructivas y con empatía ante la gente de su equipo. Es necesario buscar una mezcla sutil entre la seguridad y la inseguridad o las dudas que nos empujan a buscar soluciones, mejoras e innovación.
  5. El jefe debe proteger a su equipo de las intrusiones externas, de la distracción y del dogmatismo.
  6. El jefe debe mostrarse seguro a la hora de convencer a su equipo, pero también mostrarse humilde ante los posibles errores que siempre es probable cometer, sobre todo en un entorno de innovación. Este equilibrio entre orgullo y seguridad ayuda a ganar credibilidad.
  7. Es necesario mantener una actitud continua de acción firme y de escucha activa permanente cuando se guía el trabajo del equipo en un contexto de innovación.
  8. El ‘buen jefe’ convierte los errores de su equipo en algo útil, en materia prima para logros posteriores. Además, transmite a su gente que es necesario cometer errores para crear valor con base en nuevas ideas.
  9. Hay que empujar al equipo a producir ideas y a saber discriminar qué ideas pueden ser útiles para la organización y qué ideas no van a aportar valor a los procesos, productos o servicios.
  10. El ‘buen jefe’ debe intentar concentrar su mayor atención en eliminar aspectos o efectos negativos que se registren en la dinámica de trabajo del equipo.
  11. Los métodos, el procedimiento utilizado para hacer el trabajo es tan importante como el propio trabajo en sí. El cómo es tan importante como el qué.
  12. Por último, destacar que el ‘buen jefe’ es consciente de que posee un gran poder respecto de su equipo y debe moderar sus acciones y siempre tomar en consideración posibles efectos negativos sobre las personas. La sensibilidad debe ser una cualidad y una actitud preeminente.

En los comentarios del mismo artículo encuentro tres maneras como son vistos ciertos jefes:

  • El adicto al trabajo: Siempre está ahí; llega antes que nadie, y nadie sabe a que hora se va. Los horarios no se han hecho para él. Los empleados tienen sus propios horarios, pero algunas veces el jefe no se da cuenta de eso, y los llama a cualquier hora, o les exige quedarse más horas de las convenidas. Sus empleados en general no comparten su adicción, lo que hace que el jefe a veces piense que no se involucran lo suficiente.
  • El Apariencias: Está convencido de que el hábito hace al monje y da más importancia a la apariencia que al valor real, prefiere una secretaria mona e ineficiente antes que una más eficiente pero no tan mona. Prefiere gastar el dinero en unas sillas de diseño, aunque sean de imitación y algo incómodas en lugar de unas más ergonómicas pero no tan llamativas, a igualdad de precio. Los empleados cuidan con esmero su imagen, lo que siempre es de agradecer. El peligro es que tras esa buena apariencia no haya un buen profesional, o que se descarten profesionales adecuados porque “no lucen”.
  • El dictador: Sin duda un buen jefe ha de ser autoritario, pero hay formas y formas de ejercer la autoridad. El dictador quiere que las cosas se hagan por que el lo dice. Tiene siempre la última palabra. Los convenios los marca el (no son acuerdos, sino imposiciones). No duda en señalar el camino de la puerta a quien se atreve a contradecirle. No le importa tener o no la razón, se hace lo que el dice. Los empleados trabajan con cierto miedo, pero al mismo tiempo se limitan a cumplir órdenes que saben que no deben cuestionar por muy absurdas que sean. Esta actitud no lleva a ningún lado, es dicfícil que el diactador esté en posesión de la verdad absoluta, lo que le llevará a tomar decisiones equivocadas de las que sólo él es responsable, pero siempre buscará alguien a quien culpar.

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